
Su nombre
יהוה
Por qué decimos YHVH y no Señor
Un nombre no es un título
Dios no se presentó con un cargo. Se presentó con un nombre, y pidió que ese nombre fuera recordado por todas las generaciones. Cuando lo reemplazamos por un título, perdemos algo que Él mismo quiso darnos.
Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.
Éxodo 3:15
La diferencia entre un nombre y un título
«Señor» es un título. Lo usamos para un rey, para un patrón, para cualquiera que tenga autoridad. «Dios» también es un título: describe qué es, no quién es.
Las cuatro letras hebreas יהוה —yod, he, vav, he— son un nombre propio. Aparecen más de seis mil veces en las Escrituras hebreas. Cada vez que una traducción escribe «SEÑOR» en versalitas, ahí estaba ese nombre.
No es un error de los traductores: es una costumbre heredada de siglos de sustituirlo por respeto. Nosotros entendemos que el respeto no está en callarlo, sino en usarlo como Él pidió.
Las Escrituras nos invitan a invocarlo
Y todo aquel que invocare el nombre de YHVH será salvo.
Joel 2:32
Ese mismo texto es citado por Pedro en Hechos 2:21 y por Pablo en Romanos 10:13. Invocar un nombre requiere conocerlo.
Para que conozcan que tu nombre es YHVH; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
Salmo 83:18
Y el profeta advierte sobre lo contrario:
Piensan hacer que mi pueblo se olvide de mi nombre.
Jeremías 23:27
El Eterno
En la lectura y en la conversación usamos también «el Eterno». No es un reemplazo por vergüenza, sino una manera de decir lo que el nombre significa: Aquel que existe por sí mismo, que era, que es y que será. Es la forma en que muchos hermanos de habla hispana se refieren a Él con reverencia sin recurrir a un título prestado.
Yeshúa, no Jesús
Lo mismo ocurre con el nombre del Mesías. En hebreo es יֵשׁוּעַ, Yeshúa, y significa «salvación». Ese significado es la razón por la que el ángel dio la instrucción:
Y llamarás su nombre Yeshúa, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Mateo 1:21
«Jesús» llegó al español pasando por el griego y el latín. No lo decimos con desprecio: muchos hermanos llaman así al Mesías con fe sincera, y no es a ellos a quienes juzgamos. Pero al pronunciar Yeshúa, el nombre vuelve a decir lo que decía: salvación. Y esa conexión se pierde en la traducción.
Lo que no estamos diciendo
No creemos que la salvación dependa de pronunciar las letras correctas, ni que quien diga «Señor» o «Jesús» esté fuera del pueblo de Dios. No es una contraseña.
Lo que buscamos es sencillo: llamar a Dios por el nombre que Él mismo entregó, y recordar lo que ese nombre significa cada vez que lo decimos.
En resumen
- Él dio un nombre, no un cargo
- Aparece más de 6,000 veces
- Se nos invita a invocarlo
- «Eterno» dice lo que significa
- Yeshúa significa salvación
- No es una contraseña
Usar Su nombre no nos hace mejores que nadie. Nos ayuda a recordar a quién le estamos hablando.
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